Todo sobre motos antiguas, modernas y de colección.
En los últimos quince años, la actividad motociclista ha tenido un formidable desarrollo en todo el mundo. Ni las antiguas marcas conocidas ni las nuevas que aparecían en el mercado hace quince años eran las más eficaces en las pistas de carreras. Muy a menudo hacían el ridículo frente a motocicletas montadas por pequeños artesanos que se daban a conocer a costa de grandes esfuerzos.
No lejos de Zurich, en una encantadora aldea llamada Bettvil, coronada por pastos de montaña y dominada por altas cumbres con nieves perpetuas, se descubre un taller impecable, que desentona algo en medio de tan bucólico escenario.
Hace aproximadamente veinte años, Fritz Egli fue elegido el mejor artesano de la Confederación Helvétiea. Especialidad: la motocicleta. Apasionado por la competición, compra una Vincent HRD. Es la máquina más rápida de la época, y su construcción es de tal originalidad que nuestro robusto suizo queda prendado de ella. Vale la pena recordar, de pasada, que la Vincent HRD fué una moto inglesa con motor de dos cilindros en V y transmisión por cadena. La originalidad de esta máquina residía en su cuadro reducido a la mínima expresión.
En efecto, causaba admiración el motor, pieza importante, pues servía como sostén del conjunto de la máquina. Todo estaba sujeto al motor con pernos, de modo semejante a los coches de carreras de Fórmula 1 de hoy en día. La suspensión delantera era de las más tradicionales, pues tenia una horquilla de doble brazo, combinando el sistema de paralelogramos deformables con el telescópico, mientras que en la parte trasera la suspensión estaba asegurada por tres pequeños amortiguadores situados bajo el sillín. Esta Vincent era extraordinariamente rápida (más de 200 km/h), pero sus grandes cualidades se veían contrarrestadas enormemente por el grave defecto de ser muy pesada.
Fritz Egli desmonta la Vincent. Algo se ha de poder conseguir de todo ese hierro. Desgraciadamente, no queda satisfecho con el trabajo. Después de mucho reflexionar, sólo parece haber una solución: reconstruir la máquina, pero según su propia idea. Y esta idea es genial, ya que le permitirá crear y construir'un cuadro original. Para algunos especialistas, se trata de uno de los cuadros más hermosos y eficaces, junto con el famoso «Featherbed» de la Casa Norton. Su diseño es muy sencillo: un grueso tubo en la parte superior asegura la rigidez y sirve al mismo tiempo como depósito de aceite, con una capacidad de 4,8 litros. Dos triángulos formados por tubos aseguran la rigidez de la parte trasera y los puntos de anclaje de la suspensión. Delante, nada: simplemente los tubos que han de sostener el motor.
Egli buscaba ligereza, y por eso construyó su cuadro con material muy liviano, pero sólido y resistente. Eligió el tubo Reynolds. Con el conjunto de los tubos, el peso del cuadro era de 16,5 kg. Para la suspensión adapta una horquilla telescópica, la muy bonita pero muy «Vintage» horquilla de la Vincent HRD, que si bien tenía excelentes cualidades, ya estába algo anticuada. Para la suspensión trasera, utiliza brazos oscilantes unidos a la base del triángulo del cuadro, que con los amortiguadores concéntricos con muelles en espiral forman los tres lados del triángulo trasero.
Cada montaje de las articulaciones es tratado con cuidado infinito. Los casquillos, que eran primitivamente de bronce, dejaron paso a elementos de teflón, lo que impidió prácticamente el desgaste (calidad suiza) de las piezas en frotamiento.
Con el empleo de tubos Reynolds se obtiene un cuadro que cumple los objetivos que se propusiera Fritz Egli. Había que volver a montar ahora los elementos de la Vincent HRD. Lo primero fue fijar el motor. Como se sabe, el Vincent 1000 es una hermosa pieza de fundición, pero resulta excesivamente complicado. Con sus tubos de llegada de aceite y de gasolina, sus cables de mando del carburador y del avance, y las canalizaciones del depósito de aceite al cárter de aceite, este motor parecía una pequeña fábrica de gas. Pero Fritz Egli supo enfrentarse al problema.
Para comenzar, el motor se sitúa bajo el famoso tubo que hace las veces de depósito de aceite. Se advierte de inmediato que las canalizaciones cromadas de la Vincent original desaparecen. Con su contenido de 4,81, se evita todo riesgo de quedarse sin lubrificante. Para mayor seguridad, Egli une la pane delantera del motor a dos tubos de enlace que descienden de la parte delantera del cuadro. Detrás, lo junta a la parte superior del triángulo del cuadro. Precisamente en este sitio se suelda la consola de los soportes del brazo oscilante .
La horquilla delantera está equipada con dos frenos de disco, y la trasera va provista de un tambor de gran diámetro. Naturalmente, la transmisión es siempre por cadena, y se conserva la caja de velocidades de cuatro marchas original de la Vincent. Como esta moto ha sido pensada 'para la competición, el depósito de gasolina se ha diseñado en consecuencia. «Sigue» el aspecto general de la máquina y tiene capacidad para veinte litros. Se prolonga en un sillín muy estrecho, con el respaldo necesario para un buen asiento. Por supuesto, no hay que olvidar el carenado delantero muy ligero. La cúpula de su parte superior está diseñada de tal forma que no provoque la menor molestia al piloto. Se reagrupan todos los instrumentos para que estén a la vista del conductor. Contrariamente a la moda de la época, Fritz Egli ha equipado su máquina con una sola óptica.
Cuando tuvo su máquina terminada, el constructor suizo la puso a prueba en competiciones nacionales, y a poco todas sus esperanzas se vieron superadas. La moto era un éxito. Tres veces seguidas consigue la Vincent-Egli el Campeonato de Suiza. Fritz Egli no la pilota por la sencilla razón de que ¡no tiene permiso de conducción de moto! En el orden financiero, comienzan a llegar pedidos. Hay varias posibilidades. O bien se está dispuesto a pagar el precio, y entonces el constructor suizo fabrica una Vincent-Egli «a la medida» y se pueden elegir todos los elementos integrantes de la máquina, o bien se acude a él con la vieja Vincent,y después de un período de tres a cinco semanas se vuelve para recoger la Vincent-Egli. En este último caso, la moto es completamente desmontada en pequeñas partes y Egli la vuelve a montar según los deseos de quien le encarga el trabajo.
Naturalmente, la mayoría de los clientes quería una máquina completa. Entonces surgieron las dificultades, pues las piezas, si bien todavía eran fáciles de conseguir, resultaban cada vez más costosas; luego, las motocicletas new look (Honda, Kawasaki y otras japonesas) se mostraron más rapidas que la buena y vieja Vincent, nacida unos cuarenta años antes.
Había que buscar otra cosa, algo nuevo. En 1970, la avasalladora Honda 750, la famosa «cuatro patas», era la solución soñada. Como no hace falta demostrar las ventajas de su cuadro, Fritz Egli lo conserva, ligeramente modificado para introducir el Honda cuatro cilindros. Como todo el mundo sabe, el Honda también es un motor de cárter seco, de modo que el gran tubo que sirve como depósito de aceite resulta totalmente adecuado, pero el contenido se revela algo escaso. Egli introduce entonces un pequeño depósito suplementario de dos litros, que sitúa por encima del cárter motor. La estructura general continúa ajustándose al mismo modelo, de modo que el cliente siempre puede solicitar los equipos que desee.
Lo mismo que en el caso de la Egli con motor Vincent- HRD, Fritz lanza la Egli con motor Honda a las carreras, pero carece de los medios técnicos y financieros de las fábricas, y si bien sus máquinas participan a menudo en pruebas de primera categoría, no pueden acceder ya a los primeros puestos. Su mejor victoria vuelve a ser el campeonato de Suiza.
Egli busca sobre todo la robustez, y aun cuando se trate de motocicletas de competición, no agranda el motor, y eso es lo que perjudica, pues la máquina es resistente y duradera, pero, como contrapartida, es menos rápida. Esto se demuestra una vez más cuando una Egli con motor Honda gana el Campeonato de resistencia en 1972.
En 1973, en los entrenamientos para el Bol d'Or, Ge'noud mostraba que aún había que tener en cuenta a las Egli. En Barcelona, en la última manga del campeonato F.1. M., la Honda-Egli fue una de las máquinas supervivientes. Se trataba de una inmejorable publicidad, y el pequeño taller de Bettvil seguía funcionando bastante bien.
La máquina que Fritz Egli exhibe es la que ha corrido con sus propios colores, «su» moto.
Esta Egli-Honda hizo su aparición en el Bol d'Or de 1972. Fue la primera equipada con el motor Honda de 750 c.c. Fritz Egli transformó su máquina de carreras en. moto de carretera. En esta máquina se encuentran todas las soluciones fundamentales del constructor suizo.